lunes, 30 de julio de 2012

¿Realmente quiero cambiar mi vida?




Fuente: Qué hacer con el resto de tu vida. Como potenciar de forma equilibrada su vida profesional, familiar y personal. Robin Ryan. Págs. 18-20

¿Por qué cambiar?

Para algunas personas, esta pregunta tiene una respuesta sencilla, resulta que quieren hacerlo. Es un problema de calidad de vida. Puede que estén aburridas y quieran enfrentarse a un nuevo desafío. Para otros, el proceso es más agónico. ¡Parece que ir saltando de trabajo en trabajo es realmente fácil solo para relativamente pocas personas! La mayoría de la gente está dispuesta a tolerar situaciones y horarios imposibles, jefes que son exigentes hasta el punto de ser ridículos y la sensación de que la empresa es su dueño. Financieramente les parece que no tienen otra opción más que la de quedarse en su trabajo y nivel de sueldo actual, a pesar de que cada día sueñan con hacer otra cosa. En ocasiones es una sensación de aprensión y ansiedad muy dentro de la propia intimidad de uno la que dice que algo va mal. Por muchos deseos, esperanzas o negaciones que intente, sabe que su trabajo ya no funciona. Antes o después, la mayoría nos enfrentamos a un momento definitivo en nuestras carreras. Y, sin embargo, de esos momentos de desespero acostumbran a salir unos caminos nuevos y sensacionales que seguir.

En ocasiones, el cambio se le impone a usted. Perder el trabajo es una de las cosas más estresantes que puede ocurrirle a alguien y también puede ser muy doloroso. No importa cuántas personas hayan sobrevivido y prosperado, pues que le despidan sigue siendo una experiencia espantosa. Las empresas puede que lo llamen de otro modo –una reducción de personal, por ejemplo, o un expediente de regulación de empleo –pero lo fundamental es que usted ya no tiene un ejemplo. La manera en que interpretará esta pérdida de trabajo –si pensará “Mi mundo está llegando a su fin” o “Vamos a conseguir algo mejor” –puede representar toda la diferencia del mundo. He visto a muchos clientes utilizar los despidos y regulaciones de empleo como trampolines para alcanzar unas carreras más gratificantes, más satisfactorias y más lucrativas. De hecho, el 77% de los trabajadores despedidos encuentran nuevos empleos en los que ganan un 15% más que en los anteriores, según el Departamento de Trabajo del Estado de California.

Sus razones para pensar en un cambio pueden ser sencillamente que su empleo ya no representa ningún desafío y, por lo tanto, está aburrido. Lo más probable es que esté viviendo como si pudiera separar su trabajo de su vida. ¡Qué mito más ridículo” Su carrera es parte de su vida, de su identidad, una parte de quién es usted y de cómo se siente. Por ejemplo, si se despierta mañana y su jefe le dice “Está despedido”, eso transformaría definitivamente toda su vida. El reconocer cuando nos enfrentamos a los grandes desafíos de la vida, como un divorcio, la muerte de un miembro de la familia, una enfermedad personal o un familiar enfermo, incluso un embarazo. Estas situaciones pueden ser largas, emocionales y, en ocasiones, debilitan físicamente y, por lo tanto, exigen perseverancia además de unos mecanismos añadidos para poder arreglárselas y gestionar su carrera.

Es posible que usted se haya quemado en el trabajo. Este estado de extrema insatisfacción con el empleo acostumbra a ser la razón de que muchos maestros, abogados, terapeutas y otros profesionales cambien de carrera. Cualquier trabajo puede hacer que uno se agote si el jefe exige un esfuerzo superhumano para que se cumpla el cometido, Hágase estas preguntas: ¿Me siento sobrepasado, cansado, utilizado e incapaz de recuperarme? ¿Estoy haciendo únicamente lo mínimo en mi trabajo? ¿Estoy sacrificando mi vida en el hogar por mi empleo? ¿Estoy atrapado en un empleo que no conduce a nada? ¿Mi puesto no tiene sentido y es de poca importancia? ¿Me siento aislado en él?

La profesora de Berkely Christina Maslasch, investigadora pionera y autora de The Truth About Burnoul (La verdad sobre el agotamiento en el trabajo) dijo que ninguna medida de automejora puede solucionar el hecho de que una persona se sienta quemada en el trabajo, ya que el origen se encuentra realmente en el lugar donde se trabaja. Llegó a la conclusión de que únicamente cambiando de escenario puede superarse. Hay lugares de trabajo no adecuados de todas formas y medidas –organizaciones sin ánimo de lucro, empresas, escuelas, facultades, compañías, despachos, bufetes o consultas profesionales –pero recuerde, no todos los entornos laborales son así. Cuando nuestra situación se vuelve deprimente, tenemos tendencia a pensar que eso sucede en todas partes, pero la hierba puede ser más verde en otro lugar. Los estudios de la profesora Maslasch definen la existencia de seis áreas clave de las que depende la felicidad de un trabajador: carga de trabajo manejable, sensación de control, oportunidad de recompensas, sensación de comunidad, fe en la equidad del lugar de trabajo y unos valores compartidos. Dejemos que estas claves le guíen cuando evalúe su situación y tome sus decisiones profesionales.

Puede que las circunstancias de la vida le obliguen a cambiar. El divorcio es un motivo importante para que tanto los hombres como las mujeres cambien de carrera o empiecen una nueva. Las enfermedades, suyas o de la pareja, esposa o hijos, pueden obligarle a abandonar un trabajo para ir en busca de algo nuevo. Tener que cuidar de un progenitor enfermo (muchos millones de personas trabajadoras lo hacen) puede impulsar su necesidad de cambiar de domicilio y encontrar un empleo mejor, más agradable y más flexible.

sábado, 28 de julio de 2012

GLOSARIO DE MANÍAS




Es un trastorno o enfermedad mental que se caracteriza por una euforia exagerada, la presencia obsesiva de una idea fija y un estado anormal de agitación y delirio.  Costumbre o comportamiento raro o preocupación injustificada. Pasión grande o afición exagerada hacia una cosa.  Antipatía o aversión que se experimenta contra una persona o una cosa y que impulsa a tratarla de forma negativa o injusta o a apartarse de ella. 

  • Ablutomanía: Obsesión crónica por bañarse. 
  • Ailuromanía: Entusiasmo intenso por los gatos. 
  • Antomania: Interés extraordinario por las flores. 
  • Aritmomanía: Locura por contar y por los números. 
  • Automanía: Compulsión hacia la soledad. 
  • Bibliomanía: Interés anormal a adquirir libros. 
  • Cacodemonomania: Obsesión anormal por la posesión demoníaca. 
  • Citomanía: Deseo anormal por alimentarse. 
  • Cleptomanía: Impulso incontrolable por robar. 
  • Coreomanía: Obsesión por danzar o bailar. 
  • Crematomanía: Deseo obsesivo por el dinero. 
  • Coprolalomanía: Obsesión por decir obscenidades. 
  • Cinomanía: Entusiasmo intenso por los perros. 
  • Dipsomanía: Deseo irresistible por ingerir bebidas alcohólicas 
  • Dromomanía: Entusiasmo intenso por viajar. 
  • Egomanía: Obsesión anormal por uno mismo. 
  • Eleuteromanía: Deseo irresistible por la libertad. 
  • Enteomanía: Celo obsesivo por la religión. 
  • Entomomanía: Fascinación anormal por los insectos. 
  • Eremiomanía: Deseo irresistible por la calma 
  • Ergomanía: Deseo obsesivo por trabajar. 
  • Erotomanía: Obsesión incontrolable por el deseo sexual. 
  • Escribomanía: Deseo obsesivo por escribir. 
  • Fagomanía: Anhelo irresistible por los alimentos e interés desmedido en comer. 
  • Faneromanía: Impulso incontrolable a escoger en un punto o un crecimiento en su cuerpo. 
  • Farmacomanía: Fascinación crónica con las medicinas. 
  • Florimanía: Interés intenso en las plantas 
  • Fonomanía: Obsesión con los ruidos o el sonido. 
  • Fotomanía: Deseo irresistible por la luz. 
  • Gefiromanía: Fascinación irresistible por los puentes. 
  • Glazomanía: Interés obsesivo por hacer listas. 
  • Gimnomanía: Compulsión a la desnudez. 
  • Ginecomanía: En los varones, deseo obsesivo e incontrolable por el sexo: satiromanía. 
  • Hedonomanía: Deseo incontrolable por obtener placer. 
  • Heliomanía: Anhelo incontrolable por el sol. 
  • Hipomanía: Fascinación y entusiasmo por los caballos. 
  • Homicidiomanía: Impulso irresistible por cometer homicidio. 
  • Hidromanía: Fascinación incontrolable por el agua. 
  • Hipnomanía: Deseo incontrolable por dormir. 
  • Ictiomanía: Fascinación excesiva por los peces. 
  • Katisomanía: Compulsión incontrolable por sentarse. 
  • Leteomanía: Fascinación obsesiva por los narcóticos. 
  • Logomanía: Obsesión por hablar. 
  • Megalomanía: Obsesión incontrolable hacia la gran autoimportancia y por hacer actos extravagantes. 
  • Melomanía: Fascinación excesiva por la música. 
  • Monomanía: Sello obsesivo por un tópico o interés en una idea. 
  • Mitomanía: Impulso irresistible hacia la mentira y la exageración. 
  • Necromanía: Excesivo interés por los muertos. 
  • Nesomanía: Obsesión intensa por las islas. 
  • Noctimanía: Fascinación intensa por la noche. 
  • Ninfomanía: En las mujeres, obsesión incontrolable por el sexo 
  • Oclomanía: Interés intenso con las multitudes. 
  • Oikomanía: Anhelo irresistible por el hogar. 
  • Oinomanía: Fascinación intensa por el vino. 
  • Oniomanía: Compulsión incontrolable por comprar 
  • Ofidiomanía: Excesivo interés en los reptiles. 
  • Ornitomanía: Fascinación anormal por las aves 
  • Paramanía: Impulso irresistible de derivar alegría en las quejas. 
  • Parusiamanía: Obsesión por la segunda venida de Jesucristo, según la tradición cristiana. 
  • Plutomanía: Deseo incontrolable por obtener gran riqueza. 
  • Piromanía: Compulsión anormal por encender fuego o provocar incendios. 
  • Queromanía: Compulsión hacia la alegría. 
  • Satiromanía: Obsesión y deseo incontrolable por el sexo en los varones. 
  • Siderodromomanía: Fascinación intensa con los viajes ferroviarios. 
  • Sofomanía: Estimación excesiva por los propios conocimientos o sabiduría. 
  • Tasalomanía: Fascinación intensa por el mar. 
  • Tanatomanía: Obsesión anormal por la muerte. 
  • Timbromanía: Entusiasmo anormal por los sellos de correo. 
  • Tomomanía: Interés extraordinario por las cirugías. 
  • Tricomanía: Fascinación intensa por el pelo, el cabello o los vellos. 
  • Xenomanía: Obsesión intensa por los extranjeros. 
  • Zoomanía: Locura por los animales. 

GLOSARIO DE FOBIAS






Una fobia es un miedo intenso y específico a objetos y situaciones concretas. Cuando la persona se enfrente a ese objeto o situación experimenta ansiedad intensa de forma inmediata. La persona tiende a evitar la situación fóbica, aunque reconoce que el miedo es excesivo o irracional. Se llama fobia específica si la fobia interfiere significativamente en la vida cotidiana del individuo.



Ablutofobia: Miedo a bañarse o lavarse. 
Acarofobia: Miedo a los ácaros y a otros parásitos. 
Acerbofobia, acerofobia: Miedo a la acidez. 
Acluofobia, escotofobia: Miedo a la oscuridad. 
Acrofobia, altofobia, batofobia: Miedo a las alturas, a los lugares elevados. 
Acusticofobia: Miedo a los sonidos, al ruido. 
Aerofobia, ancraofobia: Miedo a las corrientes de aire y al viento. 
Agateofobia: Miedo a la locura. 
Agirofobia: Miedo a cruzar la calle. 
Agorafobia: Miedo a las multitudes o a lugares abiertos. 
Agrafobia: Miedo al abuso sexual. 
Aicmofobia: Miedo a los objetos puntiagudos. 
Ailurofobia, aelurofobia: Miedo a los gatos. 
Albuminurofobia: Miedo a la albúmina en la orina. 
Alectrofobia: Miedo a los pollos 
Alodoxafobia: Miedo a emitir opiniones. 
Algofobia, agliofobia: Miedo a experimentar dolor. 
Amatofobia: Miedo al polvo. 
Amaxofobia: Miedo a los vehículos, a encontrarse en un vehículo en movimiento. 
Amnesifobia: Miedo a la amnesia. 
Ambulofobia: Miedo a caminar. 
Anablefobia: Miedo de mirar hacia arriba. 
Androfobia: Miedo al hombre. 
Anginofobia: Miedo a la estrechez. 
Anglofobia: Miedo o aversión a Inglaterra, a los ingleses, o a cualquier cosa inglesa. 
Anquilofobia: Miedo a la inmovilidad de una unión. 
Antlofobia: Miedo a las inundaciones. 
Antofobia: Miedo a las flores. 
Antropofobia: Miedo a las personas; a los humanos. 
Anuptafobia: Temor de permanecer solo. 
Apeirofobia: Miedo al infinito. 
Apifobia: Miedo a las abejas. 
Apotemnofobia: Miedo de las personas con amputaciones en el cuerpo. 
Aracnofobia: Miedo a las arañas. 
Araquibutirofobia: Miedo a que la mantequilla de maní, o una sustancia parecida, se pegue en el paladar. 
Aritmofobia: Miedo a los números. 
Asimetrofobia: Miedo de las cosas asimétricas. 
Astenofobia: Miedo a la debilidad; a desmayarse. 
Astrafobia: Miedo a los destellos, truenos y relámpagos. 
Astrofobia: Miedo del infinito, de las estrellas, del espacio celeste. 
Atazagorafobia: Miedo de no ser considerado, de ser olvidado. 
Ataxiofobia: Miedo a la ataxia, descoordinación muscular. 
Ataxofobia: Miedo del desorden. 
Atefobia: Miedo de la ruina. 
Atiquifobia: Miedo al fracaso. 
Atelofobia: Miedo a la imperfección. 
Atomosofobia: Miedo de las explosiones nucleares. 
Aulofobia: Miedo a las flautas. 
Aurofobia: Miedo al oro. 
Autofobia: Miedo a la soledad. 
Autodisomofobia: Miedo a heder. 
Autómatonofobia: Miedo a las representaciones de seres vivos o pensantes en cosas inanimadas, ej. estatuas de cera, muñecos de ventrílocuos, animales mecánicos o animatrónicos. 
Bacilofobia: Miedo a los microbios. 
Bacteriofobia: Miedo a las bacterias. 
Balistofobia: Miedo a las armas, municiones, revólveres. 
Barofobia: Miedo a la gravedad terrestre. 
Basofobia: Miedo a no poder caminar o a caerse. 
Batofobia: Miedo a las profundidades. 
Batraciofobia: Miedo a los reptiles. 
Belonefobia: Miedo a las agujas. 
Bromidrosifobia: Miedo a desprender mal olor corporal. 
Brontofobia: Miedo a los truenos, a las tormentas. 
Cancerofobia, carcinofobia, cancerfobia: Miedo al cáncer. 
Cardiofobia: Miedo a padecer enfermedades del corazón. 
Carofobia: Miedo a la picazón. 
Cenofobia: Miedo a los grandes espacios, al vacío . 
Cibofobia: Miedo al alimento. 
Cinofobia: Miedo a los perros. 
Cipridofobia: Miedo a las enfermedades venéreas. 
Claustrofobia: Miedo a los lugares cerrados. 
Cleptofobia: Miedo a robar. 
Clinofobia: Miedo de ir a la cama. 
Cnidofobia: Miedo a las picaduras de insectos. 
Coitofobia: Miedo al coito. 
Colerofobia: Miedo a contraer el cólera. 
Cometofobia: Miedo a los cometas. 
Coprofobia: Miedo a los excrementos. 
Cropostasofobia: Miedo al estreñimiento. 
Cremnofobia: Miedo a los precipicios. 
Criofobia: Miedo del hielo y la helada; a las tormentas de hielo; a las ventiscas. 
Cristalofobia: Miedo a los cristales. 
Crometofobia: Miedo al dinero; a tocar dinero. 
Cromofobia: Miedo a los colores. 
Cronofobia: Miedo a la duración, al tiempo. 
Demofobia: Miedo a las multitudes. 
Demonofobia: Miedo a los demonios. 
Dermatopatofobia: Miedo a las enfermedades de la piel. 
Dermatosiofobia: Miedo a la piel, a las verrugas. 
Diabetofobia: Miedo a la diabetes. 
Dikefobia: Miedo a la justicia. 
Diplopiafobia: Miedo a ver doble y a las enfermedades oculares. 
Dipsofobia: Miedo a la embriaguez. 
Dorafobia: Miedo a la piel. 
Dromofobia: Miedo al movimiento. 
Eclesiofobia: Miedo a la Iglesia. 
Ecofobia, oecofobia, oikofobia: Miedo al hogar. 
Eisoptrofobia: Miedo a los espejos. 
Electrofobia: Miedo a la electricidad; a un choque eléctrico; a la electrocución. 
Eleuterofobia: Miedo a la libertad. 
Emetofobia: Miedo a vomitar. 
Enetofobia: Miedo a los prendedores, pinches. 
Entomofobia: Miedo a los insectos. 
Eosofobia : Miedo al amanecer; a la salida del sol. 
Eremiofobia: Miedo a estar solo. 
Ergofobia: Miedo al trabajo. 
Eritrofobia: Miedo a ruborizarse y al color rojo. 
Ermitofobia: Miedo a estar solo. 
Erotofobia: Miedo al sexo. 
Escatofobia: Miedo a las heces. 
Esciofobia: Miedo a las sombras. 
Escolionofobia: Miedo al colegio. 
Escopofobia, Escoptofobia: Miedo a ser visto o ser mirado fijamente. 
Escotofobia: Miedo a la oscuridad. 
Escotomafobia: Miedo a quedar ciego; a no poder ver parcialmente. 
Escriptofobia: Miedo de escribir en público. 
Fagofobia: Miedo a tragar cosas. 
Fasmofobia: Miedo a los fantasmas. 
Farmacofobia: Miedo a las drogas. 
Febrifobia: Miedo a la fiebre. 
Filosofobia: Miedo a la filosofía. 
Fobofobia: Miedo a temer. 
Fonofobia: Miedo al ruido. 
Fotofobia: Miedo a la luz. 
Francofobia, galofobia: Miedo a los franceses. 
Frenofobia: Miedo a pensar. 
Galeofobia: Miedo a los tiburones. 
Gametofobia: Miedo al matrimonio. 
Gefirofobia: Miedo a cruzar puentes. 
Gerascofobia: Miedo a la vejez 
Germanofobia: Miedo a los alemanes. 
Geumatofobia: Miedo al sabor. 
Gimnofobia: Miedo a la desnudez. 
Ginefobia: Miedo a la mujer. 
Glosofobia: Miedo a hablar. 
Grafofobia: Miedo, angusta de escribir. 
Gringofobia: Miedo a los norteamericanos. 
Hadefobia, estigiofobia: Miedo al infierno. 
Hagiofobia: Temor a los santos, a los lugares sagrados. 
Hamartofobia: Miedo al pecado. 
Hapofobia: Miedo a tocar a alguien. 
Harpaxofobia: Miedo a los ladrones. Miedo a ser perseguido por un crimen. 
Hedonofobia: Miedo al placer. 
Heliofobia: Miedo al sol. 
Helmintofobia: Miedo a los gusanos. 
Hematofobia: Miedo a la sangre. 
Herpetofobia: Miedo a los reptiles. 
Heterofobia: Miedo a los heterosexuales. 
Hidrofobia: Miedo al agua; a ahogarse; a nadar. 
Hidrofobofobia: Miedo a la rabia, a la hidrofobia. 
Hierofobia: Miedo a los sacerdotes. 
Higrofobia: Miedo a la humedad, a la lluvia, al agua. 
Homiclofobia: Miedo a la niebla. 
Hipofobia: Miedo a los caballos 
Hormefobia: Miedo al shock 
Hodofobia: Miedo a viajar 
Homofobia: Miedo o aversión a los homosexuales 
Hidrofobia: Miedo al agua. 
Hipegiafobia: Miedo a la responsabilidad. 
Hipnofobia: Miedo a dormir. 
Iatrofobia: Miedo a los doctores. 
Ictiofobia: Miedo a los peces. 
Ideofobia: Miedo a las ideas o a la razón. 
Iofobia: Miedo a los venenos. 
Insectofobia: Miedo a los insectos. 
Itifalofobia: Miedo de ver, pensar en, o tener el pene erecto. 
Japanofobia: Miedo a los japoneses 
Judeofobia: Miedo a los judíos 
Kakorrafiafobia: Miedo al fracaso. 
Katagelofobia: Miedo al ridículo. 
Keraunofobia: Miedo a los truenos; a las tormentas. 
Koniofobia : Miedo al polvo. 
Kopofobia: Miedo a la fatiga. 
Lalofobia: Miedo de hablar, especialmente en público. 
Logofobia Miedo a las palabras, a pronunciar ciertos fonemas. 
Limnofobia: Miedo a los lagos. 
Linonofobia: Miedo a los cordeles, a tejer. 
Lisofobia: Miedo a la locura. 
Maieusiofobia: Miedo al embarazo. 
Mastigofobia: Miedo a golpear. 
Mecanofobia: Miedo a las máquinas, maquinarias. 
Meningitofobia: Miedo a la meningitis. 
Metalofobia: Miedo a los metales. 
Microfobia: Miedo a los gérmenes, a las cosas pequeñas. 
Monofobia: miedo a una sola cosa en particular. 
Musicofobia: Miedo a la música. 
Musofobia: Miedo a los ratones. 
Misofobia: Miedo al polvo o a la contaminación. 
Necrofobia: Miedo a la muerte, a los cadáveres. 
Nefofobia: Miedo a las nubes. 
Negrofobia: Miedo a la gente negra, a los afroamericanos. 
Nemofobia: Miedo a la anemia. 
Neofobia: Miedo a la novedad, a las cosas nuevas, a nuevas experiencias. 
Nictofobia: Miedo a la noche o a la oscuridad. 
Nudofobia: Miedo a la desnudez. 
Nosofobia: Miedo a las enfermedades. 
Ocofobia: Miedo a los automóviles 
Oclofobia: Miedo a la mafia, a los gángsters 
Ombrofobia: Miedo a la lluvia 
Ometafobia: Miedo a los ojos. 
Onomatofobia Miedo de un nombre o de una palabra en particular. 
Ofidiofobia: Miedo a las serpientes. 
Olfactofobia: Miedo a los olores. 
Ornitofobia: Miedo a los pájaros. 
Papafobia: Miedo a los Papas. 
Partenofobia: Miedo a las muchachas vírgenes o púberes. 
Parasitofobia: Miedo a los parásitos. 
Patofobia: Temor a las enfermedades. 
Patriofobia, patroiofobia: Miedo a la herencia. 
Pedofobia: Miedo a los niños. 
Pelagrafobia: Miedo a la pelagra, enfermedad caracterizada por la dermatitis, desórdenes gastrointestinales, síntomas nerviosos centrales y asociada a una dieta deficiente en niacina y proteína. 
Peniafobia: Temor a la pobreza. 
Poinefobia: Miedo al castigo. 
Politicofobia: Miedo a la política. 
Potamofobia: Miedo a los ríos. 
Ptisiofobia, tuberculofobia: Miedo a la tuberculosis. 
Panfobia, Pantofobia: Miedo a todo. 
Pediculofobia: Miedo a los piojos. 
Peniafobia : Miedo a la pobreza. 
Pneumatofobia: Miedo a los espíritus. 
Pnigofobia, pnigerofobia: Miedo a ser estrangulado o a la sofocación. 
Pirofobia: Miedo al fuego. 
Pogonofobia: Miedo a las barbas. 
Potofobia: Miedo a beber alcohol 
Psicopatofobia: Miedo a volverse loco 
Proteinfobia: Miedo a las proteínas. 
Pternofobia: Miedo a las plumas 
Rabdofobia: Miedo a la magia. 
Rectofobia: Miedo al recto, o a sus enfermedades. 
Rusofobia: Miedo a los rusos. 
Sarmasofobia: Miedo al cortejo, coqueteo, juegos sexuales. 
Satanofobia: Miedo a Satán. 
Selacofobia: Miedo a los tiburones. 
Selafobia: Miedo a los relampagueos repentinos. 
Selenofobia: Miedo a la luna. 
Siderodromofobia: Miedo a los trenes. 
Sifilofobia: Miedo a la sífilis. 
Simetrofobia: Miedo a la simetría. 
Sinofobia: Miedo a los chinos. 
Sitiofobia: Miedo al alimento. 
Tacofobia: Miedo a la velocidad. 
Tasofobia: Miedo al ocio. Miedo a sentarse. 
Tapefobia: Miedo a ser enterrado vivo. 
Teratofobia: Miedo a los monstruos. 
Talasofobia: Miedo al mar. 
Tanatofobia: Miedo a la muerte. 
Tafefobia: Miedo a ser enterrado vivo. 
Taurofobia: Miedo a los toros. 
Teatrofobia: Miedo a los teatros. 
Tecnofobia: Miedo a los adelantos tecnológicos. 
Teniofobia: Miedo a la tenia; a alojar la lombriz solitaria 
Teofobia: Miedo a Dios; a las religiones. 
Teologicofobia: Miedo a la teología. 
Tetanofobia: Miedo al tétanos. 
Telefonofobia: Miedo a los teléfonos. 
Termofobia: Miedo al calor. 
Teutonofobia: Miedo a los alemanes. 
Tocofobia: Miedo al parto. 
Tomofobia: Miedo a la cirugía. 
Tonitrofobia: Miedo a los truenos; a las tormentas. 
Topofobia: Miedo a un lugar particular, o a ciertos lugares. 
Toxifobia, toxofobia, toxicofobia: Temor a ser envenenado, a las toxinas. 
Traumatofobia: Miedo al daño, a lesionarse, a las heridas 
Tredecafobia: Miedo al número trece, a la mala suerte. 
Tremofobia: Miedo a los temblores. 
Tricofobia: Miedo al cabello. 
Tricopatofobia: Miedo a las enfermedades y patologías del cabello. 
Tripanofobia : Miedo a la inoculación. 
Triquinofobia: Miedo a la triquinosis y a la comida posiblemente envenenada 
Triskaidekafobia, triakaidekafobia: Miedo irracional al número trece. 
Uranofobia: Miedo al cielo. 
Urofobia: Miedo a la orina. 
Venereofobia: Miedo a las enfermedades venéreas. 
Venustrafobia: Miedo a las mujeres hermosas. 
Verbofobia: Miedo a las palabras. 
Vermifobia: Miedo a los gusanos. 
Vestifobia: Miedo a vestirse. 
Virginitifobia: Miedo a la violación. 
Vitricofobia: Miedo al padrastro. 
Xantofobia: Miedo del color amarillo o de la palabra "amarillo". 
Xenofobia: Miedo o desagrado a los extranjeros. 
Xenoglosofobia: Miedo a lenguas extranjeras. 
Xerofobia: Miedo a los lugares secos, especialmente desiertos. 
Xilofobia: Miedo a objetos de madera; a bosques. 
Zelofobia: Miedo a los celos 
Zoofobia: Miedo a los animales 


jueves, 26 de julio de 2012

¿En qué no se te hubiera ocurrido trabajar?







Quien dijo de niño que quería ser veterinario, astronauta o ingeniero no tenía ni la menor idea de la infinidad de opciones que tenían. ¿Alguna vez escuchó de ellas? Te presentamos una pequeña recopilación.

  1. 1.    Catador de olores: Evaluador de olores desde pies y axilas de personas hasta excrementos de animales.
  2. 2.     Testador de preservativos: Prueba mediante una maquina la calidad del producto.
  3. 3.     Sexador de pollitos: Separa a los pollos bebe macho y hembra rápidamente.
  4. 4.   Medidor de pechos de modelos: Persona que toma medidas exactas de las modelos para la elaboración de prendas íntimas.
  5. 5.     Diseñadora de vestidos de Barbie: de acuerdo a tendencias y culturas.
  6. 6.     Médico de muñecos: Restaura muñecos deteriorados.
  7. 7.   Modelo de pies y manos: Personas especializadas en publicidad para zapatos, guantes, salones de belleza y joyas.
  8. 8.    Catadores de alimentos de perros: Analizan y prueban comida de animales antes de salir a al mercado.
  9. 9.     Limpiadores de chicles: Para todos los aficionados a dejar sus chicles en bancas o aceras.
  10. 10.  Pulidor de monedas: Para satisfacer las necesidades de los coleccionistas.
  11. 11.  Sirena: Personas disfrazadas de diferentes personajes, pero estas en especial nadan todo el tiempo para los espectadores.
  12. 12.  Inspectores de papas fritas: Supervisan las papitas y separan las que no tienen una cocción óptima.
  13. 13.  Buzos de pelotas de golf: Buscan en las pelotas extraviadas en los depósitos de agua de los campos de golf.
  14. 14.  Inspectores de huevos: Personas que examinan huevos para evitar las irregularidades.
  15. 15.  Asistentes de lanzadores de cuchillos: Actúan como blancos humanos.
  16. 16.  Productores de trucos asquerosos: Personas que crean mezclas raras (insectos, productos animales, etc) para los concursos televisivos.
  17. 17.  Embajadores de Whisky: Beben y explican apropiadas de servirlo.
  18. 18.  Inspectores de dados: Verifican que no tengan trucos en los casinos.
  19. 19.  Limpiadores de excrementos: Recogen los desechos de los animales en los parques.
  20. 20.  Limpiadores de semáforos: Persona encargada de subir en una escalera y desempolvarlos.
  21. 21.  Contadora de peces de acuario: Se encarga de verificar y estudiar el comportamiento de los peces, llevando un inventario de ellos.
  22. 22.  Maquillador de cadáver: Trabaja en las funerarias.
  23. 23.  Analista de flatulencias: para trabajar con un gastroenterólogo.




¿Quién dijo miedo?



Fuente: Reportaje Diario El País, 5 de setiembre de 2011. Isabel Landa Lopez

Sufrir fobia es uno de los trastornos psicológicos más comunes, fácil de diagnosticar y curable - Nuevos tratamientos con realidad virtual


Quién no ha sentido miedo a la altura, a algún insecto, a quedarse atrapado en el ascensor o a no encontrar la salida de emergencia en una discoteca. Son miedos normales y hasta razonables. Pero cuando se convierten en una barrera que impide llevar una vida normalizada, se dejan de hacer cosas por temor a enfrentarse a ellas y generan estados de ansiedad desmesurada, es entonces cuando los miedos se convierten en fobias.
La fobia es un trastorno psicológico que tiene una amplia incidencia en la población mundial, fácil de diagnosticar y curable. Una de cada veinte personas, aproximadamente, padece una fobia a lo largo de su vida. Lo que significa que no es tan infrecuente tener miedos patológicos y que cualquiera puede sentirse un poco bicho raro. Un dato: tener una fobia aumenta en un 50% la posibilidad de tener otra. A veces los miedos patológicos desaparecen y son sustituidos por otros diferentes.
Nadie nace con fobias, ni se heredan. Se aprenden a lo largo de la vida. Son miedos que existen en el proceso de aprendizaje de una persona y que en un momento determinado se convierten en algo irracional, que incapacita y limita. El detonante: desde un trauma hasta la forma en la que la familia o el entorno más próximo instruye el miedo a las cosas.
Para centrar el asunto, los especialistas empiezan por distinguir entre el miedo y la fobia.
El miedo es un elemento protector de supervivencia, sobre todo, en los niños que se estabiliza alrededor de los seis años para después sobre los nueve volver a experimentar un aumento transitorio. Muy a grandes rasgos, los riesgos de fobia tendrían la siguiente cronología: la separación de los padres cuando se es bebé; los animales a partir de los tres años; la oscuridad a los cuatro, la escuela y los seres imaginarios a los seis, el miedo al ridículo por ausencia de habilidades escolares y deportivas a los siete y ocho, o a las catástrofes y los accidentes a partir de los nueve, entre otros muchos temores que asaltan en el imaginario infantil.
El ser humano está programado para tener miedo, una herramienta muy útil para su supervivencia. Mientras que una fobia es un miedo irracional a algo, un objeto o una situación que no tiene la propiedad de evocar miedo. Las reacciones fóbicas persisten en un tiempo determinado y no entienden de edades ni sexos. "Aunque las mujeres sufren más a menudo porque también viven más trastornos de ansiedad y son más propensas a hablar de ello", explica Esther Arandia, psicóloga del Instituto Bumuin de Bilbao.
¿Pero porqué surgen las fobias? Los especialistas creen que haber vivido una situación traumática mal gestionada puede ser una de las causas.
"Ocurre cuando se da una respuesta emocional más intensa de lo que sería normal. Entonces, ante esa respuesta intensa, la persona no quiere revivirla porque le resulta muy desagradable y empieza a tener conductas de evitación que se generalizan a otros campos", señala. Pone un ejemplo: "Un sujeto tiene una experiencia traumática en una plaza. Tiene una crisis que le genera una ansiedad importante. A partir de ahí, evita pasar por ese lugar y por otros hasta que ese miedo se va ampliando a calles y otros lugares de forma irracional y limitante".
Pero no solo existen fobias originadas por traumas. También se adquieren en el aprendizaje. Es decir, miedo a aquellas cosas que nos van induciendo a tener miedo. Es el caso de una familia en la que todos sus miembros tienen temor a las ratas sin que haya habido una experiencia directa con ratas. Pero siempre se han recreado en que las ratas son horribles, se trasmiten experiencias y se instruye el miedo. De ahí salen las sagas de miedos familiares.
Sufrir una fobia es más común de lo que se cree. Es uno de los problemas psicológicos más asumidos por la gente, de los más populares y que cuesta menos identificarlo. Por eso, es fácil el diagnóstico y se cuentan con recursos eficaces y seguros para atender a los fóbicos. Enfrentarse a los problemas es una de las medicinas más eficaces junto a tratamiento psicológico y, en los casos graves, la ayuda farmacológica.
"Las terapias son muy útiles. Consisten en una exposición gradual al estímulo fóbico con una guía que va enseñando al paciente a exponerse a la situación, acompañado de estrategias para disminuir su activación fisiológica, respiración y ritmo cardiaco, al tiempo que se le instruye para ir cambiando su pensamiento [terapia cognitiva conductual, programación neurolingüística]. El objetivo es que en vez de pensar de manera catastrófica, piense que puede afrontar esa situación", explica Wenceslao Peñate Castro, catedrático de Psicología de la Universidad La Laguna en Tenerife e impulsor de las terapias de realidad virtual en las Islas Canarias.
Este es uno de los tratamientos más innovadores actualmente. Un sistema que permite recrear o reproducir escenarios del mundo real mediante programas y equipos especializados. Los terapeutas afirman que el 95% de las fobias se curan.
María siempre ha tenido pánico a las avispas. Tiene 39 años y recuerda con pánico el día en que le picó una en la mano cuando tenía seis años porque la confundió con una mariposa a a la que cazó con una red. Más mayor se subió a un tejado y al encontrarse con un avispero le entró una crisis aguda de nerviosismo. "Me di cuenta que tenía fobia el día que dejé de coger un funicular en una excursión porque al lado había avispas revoloteando sobre una basura. Me quedé bloqueada en el bar sin poder controlarlo", recuerda.
Quienes padecen fobias hablan de sudores fríos, temblores, tics, punzadas en el estómago y un ritmo cardíaco acelerado. Arandia asegura que la fobia más común que llega a su consulta es la agorafobia, es decir, el miedo a los espacios abiertos, a salir a la calle, en sus más diversos grados. Este es uno de los miedos irracionales más incapacitantes, porque en los casos graves el espacio vital del paciente queda reducido a la casa.
"Lo malo de este tipo de fobia es que los pacientes llegan cuando ya están inhabilitados para hacer una vida normal y les afecta incluso en el trabajo. Hay gente que coge un taxi para un trayecto de cinco minutos porque no pueden ir andando por la calle", asegura Arandia. Hay fobias más comunes y reincidentes a lo largo de la historia, como el miedo a los insectos y a las serpientes en determinadas culturas. La lectura que algunos investigadores hacen de esto es que este tipo de animales fueron peligrosos para el ser humano de tal manera que se es más sensible a adquirir una fobia sobre ellos. En total, existen 248 fobias reconocidas. Algunas fueron recogidas por el semiólogo francés Henry Jay en 1942. Los psicólogos coinciden en afirmar que no han aparecido fobias diferentes, pero sí aparecen nuevos escenarios.
Las nuevas tecnologías, por un lado, han supuesto para algunas personas algún que otro miedo irracional porque se sienten incapaces de enfrentarse a los ordenadores. Internet y las redes sociales hacen de pantalla y obstaculizan la detección de las fobias sociales. Se trata de una ansiedad que sufre el 13% de la población y que se da en mayor proporción en los adolescentes.
"En las consultas llevamos tiempo viendo que las redes sociales están proporcionando un soporte a estas personas que tienen ansiedad social, de tal manera que no abordan directamente su problema al no tener contacto directo con las personas. En estos casos, la posibilidad de ser evaluado es mínima y es una barrera para afrontar problemas de timidez", explica Peñate. La fobia social empieza a aparecer cuando las personas se tienen que enfrentar a los demás. Hay quienes no soportan la idea del rechazo y el ridículo "y en los adolescentes el rechazo puede marcar la aparición rápida de un miedo incontrolado, sobretodo, la fobia social", recalca Peñate.
La escritora americano-iraní Gitty Daneshvari recuerda que su infancia estuvo dominada por las fobias. Desde la claustrofobi hasta que le pasara algo a su familia. Por eso sabe de lo que habla cuando escribe cuentos infantiles para ayudar a los niños a superarlas. "Cuando la gente contacta conmigo, muchos me dicen que tienen miedo a estar lejos de sus padres, a que les pase algo, a la oscuridad, a las arañas y los insectos, y últimamente también a las agujas de los médicos", comenta.
La autora de la serie Escuela de Frikis cree que hoy en día la gente está más predispuesta a hablar de sus miedos en público. Y aclara que no es por qué hoy en día los niños estén más expuestos a padecer miedos irracionales: "Siempre ha sido natural para un niño tener miedo. Ha sido y es una manera de aprender sobre lo que les rodea, aprender qué es seguro y qué puede ser peligroso o dañino. Tradicionalmente, conforme los niños van creciendo y tienen una mejor percepción de lo que son y del mundo que les rodea, esas fobias desaparecen".
La historia de sus libros gira en torno a cuatro chicos jóvenes con diferentes fobias. Lulu, una chica bien con miedo a los espacios cerrados; Garrison, deportista y activo pero que no sabe nadar porque tiene fobia al agua; Madeleine, una niña cuyo miedo a las arañas e insectos le obliga a ir siempre cubierta con un velo y armada de pulverizadores de repelente, y Theo, el gordito y curioso que tiene miedo de la muerte y de los accidentes.
Los cuatro chicos coinciden en una extraña escuela apartada del mundo donde su directora, la señora Wellington, intentará que superen sus problemas con métodos un tanto extravagantes.
En las fobias infantiles la familia es fundamental para amortiguar el sufrimiento de los niños. Daneshvari reconoce que empezó a escribir sobre estos temas como "una manera de empezar una conversación entre padres y críos y hacer de este asunto algo ligero y de lo que no hay que avergonzarse".
Los terapeutas insisten en que los niños tienen que saber que no son los únicos, que es completamente normal tener fobias y que los miedos desaparecerán, en principio a partir de los 6 y 7 años. "Que los padres ayuden a sus hijos a afrontar sus miedos poco a poco, una y otra vez", aconseja.
Los rechazos más comunes
  • ·   Aracnofobia. Se trata del miedo a las arañas. Las reacciones de los afectados resultan exageradas incluso para las mismas personas.
  • ·   Sociofobia. Persistente e intenso miedo a ser juzgado negativamente en situaciones sociales. La más común en los adolescentes.
  • ·   Aerofobia. Miedo a viajar en avión. Se calcula que solo el 5% de los pasajeros abordan el avión sin temores de ningún tipo.
  • ·     Agorafobia. Temor a los espacios abiertos. Un trastorno más común en mujeres que en hombres.
  • ·    Claustrofobia. Miedo a quedarse confinado en espacios cerrados. Se estima que entre un 2 y un 5% de la población padece esta fobia.
  • ·     Acrofobia. Pánico a las alturas. No es un simple vértigo, sino un temor que ocasiona ansiedad.
  • ·     Emetofobia. Fobia al vómito o a vomitar. Es más que una aversión hacia el acto de vomitar y que lleva a la persona a cambiar sus hábitos sociales y alimenticios. Se calcula que el 6% de la población siente temor a vomitar.