viernes, 22 de junio de 2012

La mala visión puede ser la causa de las malas calificaciones




Escrito por: Delfo Tomislav Gastelo Miskulin / Artículo Universidad Perú

Muchas veces no se le presta la debida atención e importancia a la condición de la vista de los estudiantes, lo cual puede ocasionar en muchos casos que los niños o adolescentes no aprendan adecuadamente reflejándose esto en sus calificaciones; puesto que la visión es un pilar físico fundamental en la vida educativa de todo educando.

Respecto al tema surgen varias dudas como cuál es el momento idóneo para hacerle el primer examen de la vista, ante esta situación, la Academia Americana de Oftalmología recomienda que los exámenes de la vista deben ser desde los primeros meses de nacido puesto que los recién nacidos deben someterse a un chequeo de salud general incluyendo también un examen general de la vista. Luego alrededor de los tres años los niños deben someterse a pruebas médicas para medir la agudeza visual, así como a los cinco años de edad deben ser nuevamente evaluados por un médico de la vista.

Posteriormente, después de los cinco años de edad, otros exámenes sucesivos deberán ser realizados durante los chequeos de rutina en la escuela, antes de cada ciclo escolar en la consulta del médico, o tras la aparición de síntomas como entrecerrar los ojos, cruzar los ojos o frecuentes dolores de cabeza, constante frotación de los ojos, sensibilidad a la luz, capacidad deficiente para enfocar o seguir un objeto, alineamiento o movimiento de los ojos de manera anormal, enrojecimiento o que presente pupilas blancas en lugar de negras; y en el caso de necesitar lentes las revisiones deberán ser anuales para evaluar cambios que puedan ocurrirse en ese tiempo.

En muchas ocasiones, son los mismos maestros quienes pueden darse cuenta cuando un estudiante tiene problemas de la vista en la clase; con lo que podrían poner más atención en dicho estudiante para poder ayudarlo. Así pues se logrará disminuir en gran porcentaje la cantidad de niños, adolescentes y jóvenes que ven truncadas sus cualidades a través de sus calificaciones por el simple hecho de no haberse tratado la vista con la debida importancia con la que debe ser atendida.

Vida Rápida




Escrito por: Delfo Tomislav Gastelo Miskulin / Artículo Universidad Perú

Lo primero que todos pensamos al despertarnos es en como vamos a organizar nuestro día. La distribución del tiempo es un espejo en el cual nos podemos ver retratados. Una persona ordenada que sabe organizarse, tiene disciplina y consigue que el tiempo dé mucho más de lo que parece y quien improvisa por falta de planificación llega a las metas porque se engancha en cualquier sugerencia nueva que aparece de pronto.

La vida es un arte entre trabajo y descanso es por eso que el organigrama de cada persona debe dejar algunos márgenes libres para que sirvan como cierto desahogo, para evitar la sensación de verse encorsetado en exceso. El que hombre que se levanta pronto y empieza a funcionar sabiendo lo que tiene que hacer tiene mucho terreno andado. Llegará a casi todo, al no querer abarcar demasiado, que es la causa de mucho estrés en nuestros días.

Vivimos en la era de la inmediatez. La prisa es unos de los signos de nuestra época. El hombre moderno vive apresuradamente, corriendo de acá para allá, devorando el tiempo, tratando de hacer todo, mientras que nada consigue hacer bien. Los que vivimos en una ciudad sabemos lo que son las dificultades para movernos dentro de ella y en las ciudades pequeñas el tiempo podría parecer más lento porque la vida humana adopta un ritmo menos trepidante, pero esto no tiene mucha importancia dentro del ámbito del quehacer diario, puesto que las personas de las pequeñas ciudades pueden estar acostumbradas a diferentes actividades que le pueden requerir mucho más tiempo y más esfuerzo que las personas de las grandes ciudades.

Hoy vivimos en una especie de apoteosis de lo fugaz. Se une a una especie de fascinación por lo superficial que lleva a un vacío brillante, que deslumbra sin iluminar. Estamos en la sociedad del vértigo, del mando a distancia, de la velocidad institucionalizada, de la comida rápida. Todo se ve envuelto por una atmósfera urgente, apresurada, veloz. Hablar de la prisa de la vida es hablar del tiempo. Pero mientras hay personas que necesitan matar el tiempo, hay gente que no tiene tiempo para nada. Lo que es evidente es que todos contamos con 24 horas al día, pero el rendimiento que se da de ellas es muy distinto según el estilo personal de cada uno.

Trastornos de conducta en niños y adolescentes




Edith Beatriz Burgos / Blog Psicologìa y Pedagogía

Los niños y adolescentes que presentan problemas de comportamiento, son todo un desafío para nosotros, los psicopedagogos, que tenemos que comprender y aproximarnos a las posibles causas de dichos trastornos, para poder así iniciar un tratamiento que permita a dichos sujetos reinsertarse en los contextos familiares, escolares y sociales al cuál pertenecen.

Cuánto más pequeño es el niño, más difícil se hace el diagnóstico, ya que una característica de la primera infancia es que son inquietos, impulsivos y hablan todo el tiempo sin saber si realmente ellos escuchan las consignas o límites que nosotros, los adultos queremos que acaten.

Existen también, algunos problemas de salud mental con cargas emocionales, que provocan dificultades en la adaptación social.

Todos estos elementos son preocupantes para padres y docentes que ven perturbado el desarrollo esperable, en el sujeto que atraviesa estas problemáticas.

Se necesita de diagnósticos precisos y tratamientos médicos, psicológico y/o psicopedagógico. Con estos tratamientos se trata no solo de mejorar la situación del sujeto en cuestión sino de las personas de su entorno que podrían estar afectadas por el comportamiento del niño o adolescente.

El trastorno de conducta tendría sus orígenes en conflictos familiares, maltrato infantil o juvenil, abuso, pobreza, alteraciones genéticas, consumo de drogas o alcohol en los progenitores. Creo que no hay una sola causa que desencadene una problemática sino que es la interrelación de varias de ellas y de experiencias del contexto socio- cultural donde está inserto el individuo con dificultades.

Algunos de los signos más comunes del trastorno de conducta son la intimidación, las peleas y el hecho de quedarse en las noches fuera del hogar. Estos sujetos no ocultan su agresividad y tienen problemas para hacerse de amigos.
Entre los comportamientos más comunes solemos encontrar conductas agresivas y hasta perversas para con animales y personas, destrucción de objetos tales como juguetes o útiles escolares, robo, vandalismo, incendios, mentiras, engaños, impulsividad seguida de irritabilidad, en varias oportunidades intervienen en peleas físicas. En todas estas conductas, los sujetos que las originan, no sienten culpa por lo que realizaron y se justifican considerando que actuaron en defensa de sus derechos y su persona.

Los tipos de trastorno de conducta que necesitan ser tratados por profesionales de la salud son los siguientes:

  • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad: tratamiento con neurólogo y terapia. Si el niño presenta dificultades escolares, muchas veces, se necesita un tratamiento psicopedagógico.
  • Trastorno antisocial limitado al contexto familiar: terapia y tratamiento familiar y orientación a padres.
  • Trastorno antisocial en niños no socializados: además de las terapias psicológicas y médicas, a veces, es necesario apartar al niño de su núcleo familiar si es abusado o maltratado.
  • Trastorno antisocial en niños socializados: terapia psicológica y/o psicopedagógica..
  • Trastornos antisociales con emociones mixtos (depresión o exaltación): terapia, muchas veces medicación psiquiátrica, orientación a padres, etc.


En la medida en que el comportamiento de los niños o jóvenes no mejora, o no reciben tratamiento, es esperable que ellos desarrollen también, problemas de personalidad.

Es importante resaltar que cuánto más temprano se realice el diagnóstico y tratamiento para estos problemas de conducta, mayores son las probabilidades que tendrá el sujeto de aprender mejores técnicas de adaptación y de prevenir algunas de las posibles complicaciones personales y sociales que estas patologías provocan.

Los Padres: Pilares Fundamentales






Escrito por: Delfo Tomislav Gastelo Miskulin / Artículo Universidad Perú


Frecuentemente antes que los mismos estudiantes, son los padres los más preocupados por el proceso educativo de sus hijos. Resulta evidente que todo padre debe ejercer un control sobre el proceso de aprendizaje de su hijo, pero esta intervención paterna debe realizarse en un ambiente de compañerismo con el estudiante, y nunca como una imposición o un ejercicio de autoridad indiscutible.

Los padres deben tener siempre muy presente esta situación, y acercarse a su hijo para ayudarlo a pensar y relacionar los conocimientos nuevos con la vida diaria. Esta es la única forma que el estudio sea realmente fructífero.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el estudiante es un ser humano que se está preparando para enfrentar la vida. Y su proceso educativo debe permitirle “aprender a aprender”. Esto se logra estimulando el razonamiento, la motivación y la costumbre de buscar continuamente estar actualizado. Recordemos que los conceptos aprendidos hoy, probablemente dentro de un tiempo resulten obsoletos.

Una actitud positiva y enriquecedora consiste en que el padre en vez de darle las respuestas a todo se sentase a razonar junto a su hijo, y hacerle las preguntas que considere necesarias para lograr la comprensión, recordando que aprender no consiste en saber qué dice el libro, sino de qué se trata lo expresado en él, y qué aspecto de lo leído nos puede resultar útil para enriquecer nuestros conocimientos.

Los padres, deben tener siempre presente que no van a tener a su lado toda la vida a sus hijos. Y va a llegar un momento en que ellos solos tendrán que salir a defenderse por sí mismos.

Este es uno de los pilares fundamentales de la educación: ayudarlos a crear los cimientos necesarios para construir su vida de adultos. Por esta razón, lo ideal es liberarlos gradualmente de la ayuda paterna, estimulándolos a que aprendan las herramientas necesarias para afrontar su proceso educativo personalmente y con mucha responsabilidad.